Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían

¡Salud a la cofradía trotacalle y trotamundo!


jueves, 25 de mayo de 2017

anejo a la ardilla que matas de broma, muere de verdad


video

rememorando Martxoak 31, a la misma hora del bombardeo


Hoy que he podido subir fotos de la cámara que tomé aquel día, por mi nuevo ordenador, y me he dado cuenta de esos pájaros (que parecen bombarderos ¿no?)

La Giganta de Leonora Carrington murió un 25 de mayo


"Un personaje delirante, maravilloso", "un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece".

Octavio Paz sobre Leonora Carrington, cultora del surrealismo que Quería ser pájaro. Una loca que se volvió, diríamos por la ocupación nazi de Francia que se llevó detenido a su novio, Max Ernst. Frecuentaban por entonces a Tristan Tzara, a Man Ray, al maravilloso Paul Éluard, que acudió al rescate de la leyenda del surrealismo cuando este fue detenido.

En abril de 1944, Paris todavía respiraba

(se lo dedicaremos a Leonora)

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían
abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también
de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por
su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros
ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un
poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad... Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor
de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que
el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra
y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo ríe y todo mundo
goza. Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño
a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra victoria sobre la muerte.

Paul Eluard

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