Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían

¡Salud a la cofradía trotacalle y trotamundo!


viernes, 28 de octubre de 2016

Come in




Entra en el Museo de Arte e Historia de Durango a ver el bosque. Basoa, exposición de fotografías de vvaa, hasta el 13 de noviembre.



MIS OJOS, QUE CODICIAN COSAS BELLAS_ Alrededor, ninguna planta en flor. Ningún destello de las hojas de arce, únicamente una solitaria choza de pescador en la orilla a media luz de este principio de otoño. Dice Leonard Koren, sí, Koren, que Rikyu, un maestro del té del siglo XVI que desafió la estética de esta ceremonia llevándola hacia valores más simples y modestos, se sirvió de este poema de Fujiwara no Teika para describir el estado de ánimo Wabi-Sabi, esa apreciación estética de la evanescencia de la vida: el árbol exuberante del verano se vuelve ramas desnudas bajo un cielo invernal.

Dicen que el estado mental en modo wabi sabi se comunica a menudo a través de la poesía:

Así ante un bosque, y en modo mes de otoño resulta inevitable recordar al poeta del campo, Robert Frost. Para otro poeta y estudioso de Frost, Joseph Brodsky, no era solamente el poeta del campo, más bien la “naturaleza” era el autorretrato de Frost, aquel anciano al que JFK invitó en 1961 a su toma de posesión y que cuando cegado por la luz invernal no pudo leer lo que había escrito para la ceremonia, recitó de memoria su poema de título El regalo absoluto: La tierra era nuestra antes de que fuéramos de la tierra…



Así ante un bosque, la mente en modo wabi sabi nos obliga a contemplar nuestra propia mortalidad, evocándonos una soledad existencial y una sutil tristeza que se ve paliada por un alivio entre dulce y amargo al darnos cuenta que toda existencia comparte el mismo destino. Frost Habla de arboles testigo, de bosques… La “popularidad” le llegó a Frost durante la segunda guerra mundial, cuando el órgano competente distribuyó 50.000 ejemplares de Come in (ENTRA), el libro al que da título uno de sus poemas, entre las tropas de EEUU destinadas en el extranjero “para infundirles moral”:

Cuando llegué al extremo del bosque,
¡aho!..., la música del tordo.
Si fuera anochecía, dentro estaba oscuro.
Demasiado oscuro el bosque
para que un pájaro,
por arte de alas,
hallase acomodo mejor para la noche,
aunque aún podía cantar.


Los amantes de la poesía saben que Robert Frost es un POETA que habla de bosques y de arboles, y se dice que representa el otoño, la nostalgia y el atardecer: Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles; muy a menudo sueño en que volveré a serlo, cuando me hallo cansado de mis meditaciones, y la vida parece un bosque sin caminos.

Y la vida parece un bosque sin caminos

Los amantes de la naturaleza saben que los caminos son muy importantes, también lo fueron para Frost porque un camino, El camino no elegido, volvieron a uno de sus poemas el más conocido de entre todos:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia

Los amantes de la fotografía saben que para retratar la naturaleza hay que cultivar el arte de mirar, que retratar el bosque es laborioso: la neblina, el sol, el agua en todos sus estados, la apariencia de los árboles, como el de Imanol Marrodán; las curvas del camino, como las de Alex Llovet. Y saben que nos gustan los bosques. Fabián Unternaehrer, Xabier lamelaMisha de Ridder nos muestra La justice. La justicia. Me he demorado un rato ante sus árboles por si de pronto aparecía el guapo inspector Wallander crujiendo la hojarasca.

Y a otro le parecerá otra cosa

[ENTRA

"Cuando llegué al extremo del bosque,
¡ahó!..., la música de un tordo.
Si fuera anochecía, dentro estaba oscuro.
Demasiado oscuro el bosque para que un pájaro,
por arte de alas,
hallase acomodo mejor para la noche,
aunque aún podía cantar.
La última luz del sol
que había muerto en occidente
tenía vida aún para una canción más
en el pecho de un tordo.
Del interior de la oscuridad acolumnada
llegaba la música del tordo...
casi como una invitación a adentrarse
en la oscuridad y el lamento.
Pero no, yo aspiraba a las estrellas:
de ningún modo entraría.
Ni aunque me lo pidieran,
y no me lo habían pedido"]  

domingo, 16 de octubre de 2016

DURANGO begietan


Nos vamos de paseo. Un domingo por la tarde... No son paisajes, son momentos... cae la tarde, hay viento, tal vez siempre es octubre

Luis de Isusi .

sábado, 15 de octubre de 2016

anejo a nos vamos de paseo


SOLDE: DURANGO begietan


nos vamos de paseo


SOLDE: DURANGO begietan



Nos vamos de paseo. Un domingo a la tarde. Un crepúsculo de invierno. Un día de lluvia. Por Tabira, Pinondo, Santa Ana, Ezkurdi con su fuente majestuosa. No son paisajes, son momentos. Sobre unos recién casados, la iglesia de Santa María se derrite por el calor del verano, unos niños juegan, otros se bañan, un hombre se acerca a una terraza para tomar algo. Lo vemos. Y seguimos paseando. Fluye el agua, como los límites de los objetos, como los colores, como el tiempo. Todo se disuelve, se forma de nuevo y se va. No son momentos decisivos, son visiones y las reconocemos porque las hemos soñado, porque somos parte de lo que vemos, ahí fuera, donde somos paisajes para otros. El artista nos sueña, nos pasea bajo la nieve, bajo cielos novedosos donde las estrellas brillan junto a la luna llena, bajo su atenta mirada que nos acepta pequeños. Kurutziaga, el Ibaizabal, nos dejamos llevar, nos dejamos acompañar y se hace de noche tras los montes. Durango entero se ha metido en el cuadro y baila como Mary Poppins dentro de aquellos dibujos pintados en la acera. Bailamos, nos pasean, nos deshacemos, nos vamos. Volvemos. El agua se queda, cae la tarde, hay viento, tal vez siempre es octubre. El tiempo pasa, las personas sueñan, el artista pasea.

Luis de Isusi